Recuéstate, hijo del Sol
en el pecho que se te abre.
Tienes los labios agrietados,
la piel seca.
Escucha el latido de la vida tras los senos blancos
y las costillas rotas.
Observa las rosas brotar desde el corazón
y desgarrar la carne.
Bebe, Escorpión del Desierto
de esta fuente lechosa
tras los iris de los ojos.
Déjate ungir,
lamer, llorar.
La leona mastica tus huesos.
Hijo del Sol,
regocíjate:
La Noche te recibirá siempre
entre sus muslos pálidos.
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