jueves, 29 de mayo de 2014

Monocromo.

(30/5/10

La luz gris de una mañana anónima goteaba de las hojas de los árboles sobre ella, que iban adquiriendo cada con cada gota el color ceniciento del cielo sobre su cabeza.  Sólo sus labios y las puntas de sus dedos conservaban matices distintos. El resto de ella era negro y gris, sus yemas rosadas se entretuvieron con un cigarrillo blanco; sus labios artificialmente rojos murmuraron al aire frío palabras ininteligibles, que se perdieron junto con el humo de su cáncer portátil en una cadencia de volutas estremecidas por la lluvia.

Observó como su piel se desleía, cómo sus ropas negras se quebraban en escamas, cómo el pavimento se deshacía bajo el torrencial aguacero. Suspiró y de su maleta extrajo un block de hojas blancas que se tiñeron de negro al contacto con la humedad, perdiéndose las letras de tinta oscura en la lluvia, volvió a guardar el amasijo de papel arrugado y mojado en que se había convertido el cuaderno de notas.

Alzó los ojos al cielo, con un alarido atorado en las córneas, y sus pupilas castañas se licuaron en lágrimas plomizas que dejaron surcos de carne rasgada en su rostro níveo.

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