A veces, pienso en tus ancestros
en tus madres, casadas de azafrán y peinadas con agujas,
a veces pienso en tus madres romanas, en su calidez fiera,
en su perenne melancolía, en su sensualidad de ménade.
Pienso en ellas, en su isla, sentadas en las rocas, soñando con Venus emergiendo de la espuma.
Pienso en tus madres, en sus conjuros, en sus dioses, strigas, licor y veneno.
A veces, pienso en tus padres, de toga y palla, de bota, gladio y armadura, en su pasión desaforada, en su cerebral disfrute sibarita del dolor y del placer, en su sangre roja tiñendo estandartes rojos, en sus águilas fálicas,
Pienso en ellos, en su isla, imaginando preñar al mundo de caminos de piedra, oro cayendo en sus manos,
pienso en tus padres de vino y queso, de oliva y lana.
A veces, cuando te miro, pienso en tus ancestros,
y los ojos, recordando, se me aguan.