lunes, 26 de marzo de 2012

I

Mis niños muertos

juguetean desprevenidos entre los cipreses de mi mente.

Cosen con sus deditos torpes y grises mi mortaja,

pero abatidos, llenan el lino blanco de taras y nudos,

temen el pinchazo de mis agujas en sus carnecitas yertas.

Mis niños muertos corretean

y entre risas me llaman, para que me una a sus cantos

entre las tumbas.

II

Esperan pacientemente a que les cubra sus cuerpitos fríos

les susurre una nana

y bese sus mejillas pálidas y marmóreas

antes de dormir.

Mis niños muertos

se acurrucan a mi lado en la cama.

Mis niños muertos, con sus labios cuarteados

lloran de sed

porque mi llanto no es suficiente para atizar el ardor en sus gargantas.

III

A veces se portan mal, quiebran mis jarrones y dibujan con crayola en mis paredes.

(mesacanlosojoscortanmisvenasquiebranmishuesos

mearrancanelpelometumbanlosdientesymemasticanlasmanosylospies)

y a pesar de que amo a mis niños muertos, los pongo uno a uno boca abajo sobre mis rodillas

e inicio una zurra en sus nalguitas gélidas.

Mis niños muertos se esconden entre el armario, tras la puerta,

tras las cortinas

y sollozan de miedo

cuando estoy enojada.

IV

Mis niños muertos

me seducen eternamente con sus sonrisas

toman mis manos y se aferran de mi vestido.

Llenan mi cabello de lirios fantasma, me obsequian mariposas grises,

dibujan con su aliento y sus dedos en mis espejos y ventanas.

Odian la piel viva y la sangre caliente

la carne palpitante que me cubre.

miércoles, 25 de enero de 2012

Memento

Recuerdo haber sido una niña. Haber visto mis pequeños piececitos bailotear en el aire porque desde la silla, no alcanzaban el suelo. Recuerdo haber dado vueltas sobre mi misma sólo por el placer de mirar como los pliegues de mi falda de terciopelo verde se movían. Recuerdo haber olido lirios, recuerdo el amable beso del sol sobre mi rostro

/recuerdo los gritos, recuerdo la carne magullada, la carne aporreada por las manos amadas, el olor a alcohol, recuerdo el restallar de la correa sobre mi piel, los tirones en mi pequeño cráneo y ver entre sus dedos manojos de mis cabellos/

Recuerdo haber llorado cuando mi primera sangre manchó mis muslos. Recuerdo haber escondido mis pechos que apenas despuntaban bajo camisas anchas. Recuerdo haberme mirado al espejo y no saber quién me devolvía la mirada.

/recuerdo el zumbido del ordenador, el olor a libros nuevos, mis interminables sesiones de escritura, mi obsesión por dibujarlo todo; recuerdo ver siempre un peso distinto en la balanza, los vómitos que me prometían deshacerse de toda mi miseria/

Recuerdo haber amado, y sentido con toda crueldad, los barrotes incandescentes de mi jaula. Recuerdo las tardes lacrimosas en las que sólo estabamos yo, su olor y mis recuerdos. Recuerdo las noches de inmenso vacío.

/Recuerdo la sangre, sí, su sangre en mi sangre, mi sangre en su boca. Recuerdo haber deseado morir con toda la intensidad flameante de la vida. Recuerdo todas y cada una de las pastillas que eran, como las migajas de Hansel y Gretel, mi camino a la tan deseada autodestrucción. Recuerdo haberme rasgado con las uñas la carne de los brazos al descubrir que seguía viva/

Recuerdo haber sido un ave con las alas rotas. Recuerdo haberme limpiado las lágrimas y recoger cada uno de los pedazos de mi antiguo ser. Recuerdo haber pensado que yo ya no era yo, y que no quedaba nada de mi que pudiera ser destruído, porque todo estaba en ruinas.


Recuerdo haber sido una niña...