jueves, 16 de agosto de 2018

Bite


Acrimonio, agrio temblor
en las coronas agudas de mis dientes
La piel suda sulfuro y el rayo me corre por las venas

Tiemblo, y los ojos, como si no fueran míos, recorren la habitación,
gacelas asustadas, dilatados, tragándose cualquier chispa de luz,
erráticos, náufragos,  buscando a qué asirse
en medio de la tormenta de imágenes inestables.

Mi corazón se acelera antes de que la ola me lleve,
antes de que el maelstrom convierta la acritud en placer.

Has diseñado, Hombre, minúsculos lagos infernales
de ácido sintético para degustar.

Tú eres suave. Eres cálido. Eres fuerte.
Hueles a sangre. Hueles a carne. Hueles a piel.
Te muerdo, te muerdo fuerte, queriendo arrancarte un trozo,
queriendo anclar mis colmillos a tus huesos,
queriendo que el armageddón nuclear nos encuentre fosilizados,
con mi cráneo soldado a tu brazo.

Y tú gentilmente tomas la mordida agria en tu piel, en tu corazón,
igual que yo la tomo en el mío.

miércoles, 4 de julio de 2018

El espacio entre cuatro lunas



I

Tres marcas de sangre sobre tu pecho.
Sobre tus mejillas.
Y sé que te declaras mío,
mi sofisticado cromagnon,
embebido en el ritual más viejo de la tierra.

No tienes idea de lo que hiciste.
Beberás mis lágrimas y comerás mi ira
Serás mi espada en todas mis batallas
y te perseguiré por mil vidas,
como un sabueso, seguiré el olor de mi alma impregnada en la tuya.

Eres mío y la noche es mi testigo.


II

Mis dedos dejan estelas rojas en tu piel con sólo rozarte. Me llama la atención que seas tan blanco, tan delicado, tan fácilmente rompible, tan humano. Marfil hecho carne, alabastro palpitante.
Puedo escribir con mis dedos mi nombre sobre tu piel, y verlo desvanecerse rápidamente, bastan un par de segundos, un par de lentas inspiraciones, para que tu riego sanguíneo, como una marea, como las olas, borren las letras que conforman mi odiado, sucio, oscuro grito de posesión.

A veces, cuando abro los ojos en las mañanas, y no estás,
temo que mi nombre sobre tu corazón sea tan frágil como las líneas que a veces me he divertido dibujando sobre tu espalda, que con el golpe de dos palpitaciones, dos suspiros, puedas desvanecerme rápidamente y enviarme al olvido.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Menarquia


/Mis brazos posados sobre las garras del trono sombrío,
el Tiempo me atenaza las muñecas como grilletes.
                              Los juegos y los prados y las violetas y el sol,
                                                               perdidos para siempre,
                                                         allá en la superficie.
El Tiempo punza en la tierna membrana, en la córnea, en la cóclea,
rítmico, la Corte espera, paciente, siempre expectante,
osamentas enjoyadas, bizantinas, esplendentes:
                                                              en el fondo de sus córneas vacías veo ángulos, oquedades, puertas oscuras, cosas viscosas y muertas,
entre los costillares drapeados en perlas de las grandes damas y los costillares vacíos, cubiertos de rubíes y oro, de los grandes señores.

Esperan, 
a ver la luna elevarse por primera vez, blanquísima,
a que sea fértil,
a que la Gran Serpiente me haga su hija, parte de sí,
                                                              escondiendo en las fundas de sus armas filamentos de luz que usarán para asesinarme.

Esperan mientras el Tiempo punza en la tierna membrana, en la córnea, en la cóclea,
rítmico, expansivo, contrayéndose y contrayéndome.

Flores de sangre tiñen mis muslos, mi regazo, ensucian el velo pálido de la niñez que me cubre. Ahora soy La Reina Escarlata, la que monta a la Bestia/

lunes, 21 de mayo de 2018

Of Stone and Mud




Un dolor me punza las córneas desde dentro, un grito atorado en los ojos.

El insomnio vuelve a apoderarse, a tomar su lugar: quisiera dormir, pero la hiedra me amarra, crece en mi, sobre mi. Soy calcárea, esculpida para la eternidad con esta expresión de angustioso asombro.

A veces siento que soy de orgullosa piedra. Y en tus manos, sin embargo, soy de humilde arcilla.  Hay tanto misterio y dolor en tus manos, oscuro escultor del alma;   moldeáme con ellas, ciérrame los ojos, dame paz, o una semblanza de sueño. Tus manos son poderosas y en ellas, los instrumentos son letales. Podrías tallarme, a fuerza de martillo y cincel, como a ti te diera la gana. Reformarme como desearas. Hacer de esta estatua, otra completamente distinta. 

No, me avergüenza; tiemblo ante tu presencia anhelada y terrible. Quizá nunca pueda expresarte de manera contundente el nerviosismo que me inspiras, dulce pánico. Y has sido conmigo tan suave, has sido alfarero, y yo arcilla, roja y palpitante, y el deseo, agua tibia, has puesto tanto de ti en mi que me pregunto qué hice para merecerlo, para que decidieras tocarme, moldearme, tallarme, a mí, tremendamente humilde, lejana, me pregunto si valdré la pena tanto esfuerzo; pienso en la suavidad de tu cuerpo, normalmente tan pétreo, de tu sonrisa, de tus palabras y tus ojos, para conmigo, junto a mí, para mí, tú, arquitecto de mi placer, ejecutor del delirio.

Me pregunto si también los gritos se traducen en lágrimas rodando cáusticas por tus mejillas, cuando piensas en mí. Sé muy bien que tu metamorfosis de escultura de mármol brillante e impoluta a arcilla cocida te lo ha costado todo: me pregunto si podré algún día con mis besos convertirte en porcelana y oro.

Te quiero, a ti. A tus manos y tus aristas y filos y dobleces y bordes cortantes. Te quiero, porque desde siempre he sentido una atracción inefable por aquello que conserva esa curiosa dualidad de estar completamente roto, y fortalecido y lleno de magia e historia por las eras inmisericordes del tiempo. De aquello que como yo, es de piedra y arcilla.

viernes, 18 de mayo de 2018

Farmi a pezzi


Tu esti dragostea vietii mele


Puoi farmi a pezzi, amore, io lo voglio. Voglio la cosa monstruosa che ti abita.

Voglio i tuoi denti su la mia gola, vampiro: la mia sangue e tutta túa, goccia a goccia.

Voglio le tue mani stringendomi con forza, lupo: la mia carne e tutta túa, pelle e intestino. tiepida e soffice.

Voglio tuoi occhi, guardandomi come si guardan quelle cose che ami con follia.

Io voglio la tua follia, la tua rabbia, lo voglio tutto di te.

Farmi a pezzi, per piacere.

Farmi a pezzi mentre me lo dici, "ti amo, tantissimo, tanto che puoi farti a pezzi".

martes, 24 de abril de 2018

The Arcane

"El último arcano yace boca arriba ante mí, y sonrío febril al confirmar
que dentro, muy dentro, se gesta una obsesión".

Lo ví en sus ojos la primera vez que barajé sobre la mesa las cartas ajadas de mi tarot. Quizá ya estaba allí, quizá de hace mucho tiempo.
Un ansia fieramente contenida desde hacía milenios. Un deseo de dulce sangre y saliva fluyendo de labios tiernos y jóvenes, inexplorados, hacia sus fauces abiertas.
Parpadeé, incrédula. El decente caballero que me observaba, permanecía impoluto para mi sique. Era un objeto de misterio para mí. Oscuro. Indescifrable. Tan lejano a mi comprensión como los códigos y las pantallas negras, su arte, precisa y matemática magia de lo simple, abstracción de la complejidad.
En mi fuero interno, deseé hacerle daño. Deseé cortar sus muñecas y sorber la sangre hasta lamer el hueso. Desee arrancar con mis uñas y mis dientes pedazos de su humeante corazón. Deseé pintar con su semilla símbolos sobre mi pecho, mi rostro.
Tal era la violencia de mi deseo de él que tragué saliva, asustada. A sus labios asomó una sonrisa destructora.
Una sonrisa tan ardiente como los incendios que consumen civilizaciones.
Y entonces lo supe. Cuidadosamente construida y forjada, de brillante acero pulido, la armadura sobre su cuerpo, su mente, su vida y su corazón, un artificio, una obra de arte en su compleja sencillez, los penetrantes ojos negros y la voz siempre calma, ocultaban a una bestia de carne y sangre y sudor, a una fiera, un animal que, como yo, ama rabiosamente. Una profunda humanidad, íntima, secreta y dulce, perfumaba como un incienso sagrado el aura de este agudo y disciplinado hombre.
Supe que en sus brazos no conocería más que éxtasis y unión. Supe que en su alma no conocería más que cuidado y placer. Lo supe, lo supe todo. Supe del horror que como bilis subía por su garganta, supe de su dolor, de su culpa, mi precioso caballero, mi cruzado, mi moderno samurai, dispuesto a cortarse el alma y dejarla sangrar para mantener su honor, dispuesto a vivir entregado al deber.
Me imaginé empapándome de su odio, bebiendo toda su culpa, haciendo mía toda su desesperación, llevar su pecado sobre mis hombros, ser la razón de la devastación de su existencia, y casi sentí placer. Sentí placer, sí, de ser aquello que absorbiera toda la brea de sus alas, que limpiara todo el polvo asentado sobre sus sueños y sus deseos, si eso me permitía ser parte de él, de su mundo.
Volteé un par de cartas más sobre la mesa. Hablaron por mí, por el futuro, por las cosas que habrían de ser. Por el sol y las flores y las lágrimas de amor derramadas al alba, por la hierba en las rodillas, por la sangre sobre la piel blanca formando líneas, por el vino, por las risas y la música y las caricias y el oro vertido sobre las cicatrices de la porcelana en nuestros corazones.
Y decidí callar. Ignorarlas. Convertirlas en engendros de mi fantasía.
Hasta la noche en que lloré mientras a mi oído derramaba como miel la fuerza de su lujuria. Y supe que ellas, las cartas, tenían razón.

jueves, 29 de mayo de 2014

Kama Sutra.

Me despojé de mi falda hecha de brazos, de mi collar de cráneos. Limpié de mi boca la sangre, lavé con aceite las heridas. Teñí mis labios pálidos mascando flores de hibisco. Tallé el alabastro desconchado de mi piel, lo hice brillar blanco. Dejé mi pelo coagulado a merced del agua mientras hojas y flores mustias de henna se apretaban contra mis dedos. Con trazos vigorosos de kohl  pinté ojos y maleficios en mi cara vacía. Perfumé de canela, azahar y miel el hedor a lirio mortuorio de mi cuerpo.

Cubrí mi desnudez con un velo translúcido. Y posando rodillas, palmas y frente en tierra, me presenté ante él.

Sus ojos me vieron cadáver, asesina. Sus ojos despojaron con su fuerza mi cuerpo de artificios. Sonriendo, en sus brazos me hizo ser caníbal y disfrutar mientras roía la carne de sus huesos, me hizo sustraerme a la noche de los tiempos, me convirtió en pájaro herido, flor deshecha. Cabalgué sobre el león y asesiné sus demonios con mi lanza. Las ajorcas plateadas de mis tobillos resonaron al compás de mi danza enloquecida e inmisericorde sobre su pecho amante.

Tras el ritual, tras lamer de mis labios la espuma de su océano primigenio, tomé los perfumes, mi cara, mi pelo, mis manos, mis ojos, mi vientre, mis senos y mi velo, lo puse todo en su sitio y me erigí como diosa particular de su panteón.