/Mis brazos posados sobre las garras del trono sombrío,
el Tiempo me atenaza las muñecas como grilletes.
Los juegos y los prados y las violetas y el sol,
perdidos para siempre,
allá en la superficie.
El Tiempo punza en la tierna membrana, en la córnea, en la cóclea,
rítmico, la Corte espera, paciente, siempre expectante,
osamentas enjoyadas, bizantinas, esplendentes:
en el fondo de sus córneas vacías veo ángulos, oquedades, puertas oscuras, cosas viscosas y muertas,
en el fondo de sus córneas vacías veo ángulos, oquedades, puertas oscuras, cosas viscosas y muertas,
entre los costillares drapeados en perlas de las grandes damas y los costillares vacíos, cubiertos de rubíes y oro, de los grandes señores.
Esperan,
a ver la luna elevarse por primera vez, blanquísima,
a que sea fértil,
a que la Gran Serpiente me haga su hija, parte de sí,
escondiendo en las fundas de sus armas filamentos de luz que usarán para asesinarme.
Esperan mientras el Tiempo punza en la tierna membrana, en la córnea, en la cóclea,
rítmico, expansivo, contrayéndose y contrayéndome.
Flores de sangre tiñen mis muslos, mi regazo, ensucian el velo pálido de la niñez que me cubre. Ahora soy La Reina Escarlata, la que monta a la Bestia/
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