lunes, 21 de mayo de 2018

Of Stone and Mud




Un dolor me punza las córneas desde dentro, un grito atorado en los ojos.

El insomnio vuelve a apoderarse, a tomar su lugar: quisiera dormir, pero la hiedra me amarra, crece en mi, sobre mi. Soy calcárea, esculpida para la eternidad con esta expresión de angustioso asombro.

A veces siento que soy de orgullosa piedra. Y en tus manos, sin embargo, soy de humilde arcilla.  Hay tanto misterio y dolor en tus manos, oscuro escultor del alma;   moldeáme con ellas, ciérrame los ojos, dame paz, o una semblanza de sueño. Tus manos son poderosas y en ellas, los instrumentos son letales. Podrías tallarme, a fuerza de martillo y cincel, como a ti te diera la gana. Reformarme como desearas. Hacer de esta estatua, otra completamente distinta. 

No, me avergüenza; tiemblo ante tu presencia anhelada y terrible. Quizá nunca pueda expresarte de manera contundente el nerviosismo que me inspiras, dulce pánico. Y has sido conmigo tan suave, has sido alfarero, y yo arcilla, roja y palpitante, y el deseo, agua tibia, has puesto tanto de ti en mi que me pregunto qué hice para merecerlo, para que decidieras tocarme, moldearme, tallarme, a mí, tremendamente humilde, lejana, me pregunto si valdré la pena tanto esfuerzo; pienso en la suavidad de tu cuerpo, normalmente tan pétreo, de tu sonrisa, de tus palabras y tus ojos, para conmigo, junto a mí, para mí, tú, arquitecto de mi placer, ejecutor del delirio.

Me pregunto si también los gritos se traducen en lágrimas rodando cáusticas por tus mejillas, cuando piensas en mí. Sé muy bien que tu metamorfosis de escultura de mármol brillante e impoluta a arcilla cocida te lo ha costado todo: me pregunto si podré algún día con mis besos convertirte en porcelana y oro.

Te quiero, a ti. A tus manos y tus aristas y filos y dobleces y bordes cortantes. Te quiero, porque desde siempre he sentido una atracción inefable por aquello que conserva esa curiosa dualidad de estar completamente roto, y fortalecido y lleno de magia e historia por las eras inmisericordes del tiempo. De aquello que como yo, es de piedra y arcilla.

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