jueves, 16 de agosto de 2018
Bite
Acrimonio, agrio temblor
en las coronas agudas de mis dientes
La piel suda sulfuro y el rayo me corre por las venas
Tiemblo, y los ojos, como si no fueran míos, recorren la habitación,
gacelas asustadas, dilatados, tragándose cualquier chispa de luz,
erráticos, náufragos, buscando a qué asirse
en medio de la tormenta de imágenes inestables.
Mi corazón se acelera antes de que la ola me lleve,
antes de que el maelstrom convierta la acritud en placer.
Has diseñado, Hombre, minúsculos lagos infernales
de ácido sintético para degustar.
Tú eres suave. Eres cálido. Eres fuerte.
Hueles a sangre. Hueles a carne. Hueles a piel.
Te muerdo, te muerdo fuerte, queriendo arrancarte un trozo,
queriendo anclar mis colmillos a tus huesos,
queriendo que el armageddón nuclear nos encuentre fosilizados,
con mi cráneo soldado a tu brazo.
Y tú gentilmente tomas la mordida agria en tu piel, en tu corazón,
igual que yo la tomo en el mío.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario