Mis niños muertos
juguetean desprevenidos entre los cipreses de mi mente.
Cosen con sus deditos torpes y grises mi mortaja,
pero abatidos, llenan el lino blanco de taras y nudos,
temen el pinchazo de mis agujas en sus carnecitas yertas.
Mis niños muertos corretean
y entre risas me llaman, para que me una a sus cantos
entre las tumbas.
II
Esperan pacientemente a que les cubra sus cuerpitos fríos
les susurre una nana
y bese sus mejillas pálidas y marmóreas
antes de dormir.
Mis niños muertos
se acurrucan a mi lado en la cama.
Mis niños muertos, con sus labios cuarteados
lloran de sed
porque mi llanto no es suficiente para atizar el ardor en sus gargantas.
III
A veces se portan mal, quiebran mis jarrones y dibujan con crayola en mis paredes.
(mesacanlosojoscortanmisvenasquiebranmishuesos
mearrancanelpelometumbanlosdientesymemasticanlasmanosylospies)
y a pesar de que amo a mis niños muertos, los pongo uno a uno boca abajo sobre mis rodillas
e inicio una zurra en sus nalguitas gélidas.
Mis niños muertos se esconden entre el armario, tras la puerta,
tras las cortinas
y sollozan de miedo
cuando estoy enojada.
IV
Mis niños muertos
me seducen eternamente con sus sonrisas
toman mis manos y se aferran de mi vestido.
Llenan mi cabello de lirios fantasma, me obsequian mariposas grises,
dibujan con su aliento y sus dedos en mis espejos y ventanas.
Odian la piel viva y la sangre caliente
la carne palpitante que me cubre.
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